Cuestión de género: socios femeninos
La bobada del lenguaje políticamente correcto ha generado, entre otras muchas, la costumbre de decir o escribir, por ejemplo, “los profesores y las profesoras atenderán a los padres y las madres de los alumnos y las alumnas del centro”. Quien se expresa tan ridículamente lo hace creyendo - o diciendo – que defiende los derechos de la mujer, reprochando implícitamente, desde su ignorancia, el machismo de quien usa correctamente la lengua.
La Nueva Gramática de la Lengua Española, de reciente aparición, aborda la cuestión morfológica del género en su capítulo once:
“El GÉNERO NO MARCADO en español es el masculino, y el GÉNERO MARCADO es el femenino. (…) la expresión no marcado alude al miembro de una oposición binaria que puede abarcarla en su conjunto, lo que hace innecesario mencionar el término marcado. Cuando se hace referencia a sustantivos que designan seres animados, el masculino no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos. Así, en oraciones como El hombre es un animal racional, la expresión el hombre designa el ser humano (…) Esta forma de mención se extiende al plural, como en Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales, donde están comprendidas —como es obvio— las mujeres (…) Es habitual en las lenguas románicas, y también en las de otras familias lingüísticas, usar los sustantivos masculinos de persona para designar todos los individuos de la clase que se mencione, sean varones o mujeres. (…) Como es lógico, se habla solo de varones en la expresión El número de españoles que han sido ordenados sacerdotes en los últimos diez años, o en otras muchas similares en las que el contexto o la situación social aclaran suficientemente que solo se hace referencia a las personas de un sexo, (…) En el lenguaje de la política, en el administrativo, en el periodístico, en el de los textos escolares y en el de otros medios oficiales, se percibe una tendencia reciente (de intensidad variable, según los países) a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de persona que manifiesten los dos géneros: a todos los vecinos y vecinas; la mayor parte de los ciudadanos y de las ciudadanas; queridos alumnos y alumnas; la voluntad de los mexicanos y las mexicanas, etc., (…)La doble mención se ha hecho general en expresiones como señoras y señores, damas y caballeros, y otras similares. No obstante, el circunloquio es innecesario cuando el empleo del género no marcado se considera suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo, lo que sucede en un gran número de casos: Los alumnos de esta clase (en lugar de Los alumnos y las alumnas) se examinarán el jueves; Es una medida que beneficiará a todos los chilenos (en lugar de a todos los chilenos y a todas las chilenas). La mención doble solo es necesaria si existe alguna razón para dudar de que el término no marcado designe en un determinado contexto tanto a los hombres como a las mujeres. Sería lógico escribir, por esa razón, Los españoles y las españolas pueden servir en el Ejército. El desdoblamiento está igualmente justificado en otros casos similares en los que el contexto podría no dejar claro que con el masculino se quiere hacer referencia a las personas de ambos sexos, y también cuando la estructura sintáctica de la oración pone de manifiesto que se habla de dos grupos de individuos, como en las diferencias de opinión existentes entre profesores y profesoras”.
Hubo otro tiempo, en cambio, en que el empleo femenino de sustantivos referidos a cargos o profesiones habitualmente ocupados por hombres - la ministra, la abogada, la ingeniera – tenía un carácter despectivo, o designaban a la esposa del señor ministro o ingeniero. Hasta el punto de que mujeres que ejercían tales profesiones reivindicaban ser la médico, la catedrático o la arquitecto.
Eran los tiempos en que se redactó la nota de prensa de la imagen. Como vemos, la aberración gramatical “la médico” se supera con la incongruencia de calificar a los socios como femeninos. Alude la nota, sin duda, a aquellas mocitas madrileñas que – los domingos por la tarde, caminando a Chamartín – iban alegres y risueñas (y con el Servicio Social cumplido) para ver a su Madrid. Por cierto, de la letra del famoso himno del que fue el club más representativo de aquella España no cabe deducir que, mocitas risueñas aparte, contara con socios masculinos.
Añadamos que también el Sporting de Gijón, en 1948, contaba con socios femeninos, que en mayo de aquel año, como también los infantiles, adquirieron voz y voto, lo que fue acogido "con gran simpatía".
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